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Salud Pública y Política Publicado el · 5 min de lectura

OMS propone marco para fortalecer agencias de salud pública ante emergencias

Un artículo publicado en PLOS Global Public Health analiza el marco de capacidades de la OMS para agencias nacionales de salud pública, argumentando que debe usarse como agenda de reforma institucional y no solo como herramienta de evaluación comparativa.

Por Revisado según nuestra metodología editorial

La pandemia reveló fallas que van más allá de lo técnico #

Cuando el COVID-19 sacudió los sistemas de salud del mundo, quedó en evidencia que las debilidades en la respuesta no eran principalmente de orden técnico. Según el artículo publicado en PLOS Global Public Health por Namara y colaboradores, incluso países con sistemas de vigilancia sólidos, laboratorios bien equipados y planes de emergencia establecidos tuvieron dificultades para responder a tiempo y a escala. Los autores señalan que un enfoque incoherente de gobernanza contribuyó a la fragmentación de la autoridad, a la falta de rendición de cuentas y a la ausencia de un organismo con poder real para coordinar las acciones a lo largo del ciclo de emergencia.

Este diagnóstico no es menor: sugiere que invertir únicamente en infraestructura técnica —laboratorios, sistemas de vigilancia epidemiológica, reservas de insumos— resulta insuficiente si las instituciones encargadas de activar y coordinar esas capacidades no tienen el respaldo legal, financiero y político necesario para actuar con eficacia.

Qué propone el marco de la OMS y cómo funciona #

En respuesta a estas lecciones, la Organización Mundial de la Salud desarrolló el Marco de Capacidades para la Preparación y Respuesta ante Emergencias de Salud destinado a las Agencias Nacionales de Salud Pública (NPHA, por sus siglas en inglés). El artículo analiza este marco y argumenta que su valor real no reside en servir como instrumento de comparación entre países, sino como punto de partida para reformas institucionales concretas.

El marco define 12 capacidades interdependientes organizadas en dos grandes dominios. El dominio fundacional incluye aspectos como la gobernanza y la autoridad legal, la generación y uso de evidencia para políticas públicas, y el financiamiento seguro y flexible. El dominio técnico abarca sistemas de vigilancia e inteligencia epidemiológica, laboratorios y diagnóstico, coordinación de emergencias, preparación de la fuerza laboral, comunicación de riesgos y participación comunitaria, y acceso a contramedidas médicas.

Uno de los aportes conceptuales más relevantes del marco, según los autores, es reconocer que estas capacidades son interdependientes: no funcionan de manera aislada. Por ejemplo, señalan que una agencia sin respaldo legal para activar un sistema de gestión de incidentes no podrá responder cuando lo necesite, y que la vigilancia epidemiológica sin capacidad de laboratorio confirmatoria genera incertidumbre en lugar de inteligencia útil. Esta visión sistémica busca que los tomadores de decisiones inviertan en el conjunto de capacidades, no solo en las más visibles.

Qué significan estos hallazgos en términos generales #

El artículo plantea un cambio de perspectiva importante en el debate sobre seguridad sanitaria global: pasar de preguntarse si un país tiene una agencia nacional de salud pública a preguntarse qué puede hacer esa agencia cuando ocurre una emergencia. Según los autores, la conversación de política pública ha tendido a enfocarse en la forma institucional —si existe o no una agencia y cómo está organizada— mientras se presta menos atención a la función institucional: las capacidades reales con las que cuenta para actuar.

El marco también reconoce que las agencias nacionales de salud pública no son el único camino posible hacia una gobernanza eficaz de la preparación y respuesta ante emergencias. Describe cuatro estructuras de gobernanza ilustrativas, que van desde sistemas liderados por ministerios de salud hasta respuestas coordinadas por agencias independientes, reconociendo que la forma institucional debe reflejar el contexto de cada país. Sin embargo, los autores argumentan que una institución dedicada, con autoridad legal propia para generar evidencia, comunicar riesgos y coordinar funciones de emergencia, está mejor posicionada para rendir cuentas sobre la gobernanza de emergencias.

Qué significa para América Latina #

El artículo señala que, si bien el número de agencias nacionales de salud pública creció de menos de 60 alrededor del año 2000 a más de 120 países que las habían establecido o estaban en proceso de hacerlo para 2025, este crecimiento cuantitativo oculta una profunda heterogeneidad institucional. En muchos países de ingresos bajos y medios —categoría en la que se ubica gran parte de América Latina—, estas agencias operan con mandatos legales ambiguos, dependencia de donantes externos, capacidad limitada de personal y relaciones inciertas con los ministerios de salud.

Esta descripción resuena con la realidad de varios países de la región, donde la respuesta al COVID-19 evidenció tensiones entre distintos niveles de gobierno y organismos con responsabilidades superpuestas o mal definidas. El marco de la OMS, tal como lo presentan los autores, podría ofrecer a los líderes de salud pública latinoamericanos una base estructurada para identificar brechas funcionales, evitar duplicaciones y argumentar ante ministerios de finanzas la necesidad de inversión institucional sostenida a varios años.

Limitaciones y lo que falta por confirmar #

El artículo es de naturaleza analítica y de política pública, no un estudio empírico con medición de resultados en poblaciones específicas. No presenta datos sobre la implementación del marco en países concretos ni evalúa su efectividad en la práctica. Los propios autores reconocen que el desarrollo institucional conlleva riesgos reales de costo y disrupción si está mal diseñado, y que construir una gobernanza eficaz de preparación y respuesta ante emergencias es un proceso incremental, dependiente del contexto y que requiere compromiso político sostenido en múltiples instituciones.

También se reconoce que el marco, por sí solo, no resuelve las cargas estructurales que enfrentan los países de ingresos bajos y medios, y que estas no pueden superarse únicamente mediante asistencia técnica. Queda pendiente evidencia sobre cómo y con qué resultados los países están adoptando el marco en la práctica.

Además, las dos reformas legales globales mencionadas en el artículo —las enmiendas de 2024 al Reglamento Sanitario Internacional y el Acuerdo de Pandemia de la OMS de 2025— establecen expectativas más altas de coordinación nacional y rendición de cuentas, pero ofrecen orientación limitada sobre los arreglos institucionales concretos necesarios para cumplirlas. El marco analizado intenta llenar ese vacío, aunque su utilidad dependerá de cómo cada país decida aplicarlo.

Consulte siempre con profesionales de salud pública y autoridades competentes #

Este artículo describe un marco de política pública orientado a gobiernos, líderes de agencias de salud y organismos internacionales. Las decisiones sobre estructura institucional, legislación sanitaria e inversión en sistemas de salud deben ser tomadas por autoridades competentes con el respaldo de expertos en salud pública, derecho sanitario y gestión de emergencias. Si usted trabaja en el sector salud o en política pública y desea conocer más sobre este marco, se recomienda consultar directamente la documentación oficial de la OMS y buscar asesoría especializada antes de implementar cambios institucionales.

Fuente original: Namara G, Smallwood C, Zuber A, Hersey S, Ihekweazu C (2026). Beyond benchmarking: Using WHO’s NPHA capability framework as a driver of institutional reform. PLOS Global Public Health 6(7): e0006882. Ver fuente

Preguntas frecuentes

¿Qué es el marco de capacidades de la OMS para agencias nacionales de salud pública?

Según el artículo, es un documento de la OMS que define 12 capacidades interdependientes —en dominios fundacionales y técnicos— que las agencias nacionales de salud pública deben tener para responder eficazmente ante emergencias sanitarias.

¿Por qué falló la respuesta de muchos países ante el COVID-19 si tenían planes de emergencia?

Los autores señalan que las debilidades no fueron principalmente técnicas, sino de gobernanza: fragmentación de la autoridad, falta de rendición de cuentas y ausencia de un organismo con poder real para coordinar la respuesta a lo largo del ciclo de emergencia.

¿Cuántos países tienen una agencia nacional de salud pública?

Según el artículo, para 2025 más de 120 países habían establecido o estaban estableciendo este tipo de institución, en comparación con menos de 60 alrededor del año 2000.

¿El marco de la OMS obliga a los países a crear una agencia nacional de salud pública?

No. Según los autores, el marco reconoce que las agencias nacionales de salud pública no son el único camino posible y describe cuatro estructuras de gobernanza ilustrativas, reconociendo que la forma institucional debe adaptarse al contexto de cada país.

¿Qué diferencia hay entre países ricos y países de ingresos medios y bajos en cuanto a estas agencias?

El artículo señala que en países de altos ingresos las agencias suelen tener autoridad legal, financiamiento propio e independencia científica reconocida, mientras que en muchos países de ingresos bajos y medios operan con mandatos ambiguos, dependencia de donantes externos y capacidad limitada de personal.

Fuente original: PLOS Global Public Health

Artículo divulgativo reescrito en español por PulsoSano. Consulta el original para detalles técnicos y referencias bibliográficas completas.

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