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Investigación Clínica Publicado el · 4 min de lectura

Guías clínicas deben incorporar diferencias de sexo y género en tratamientos

Una especialista de la Universidad Médica de Viena argumenta en Nature Medicine que las guías clínicas deben reflejar lo que ya se sabe sobre diferencias de sexo y género, señalar dónde falta evidencia y exigir que los futuros ensayos reporten estos datos.

Por Revisado según nuestra metodología editorial
Guías clínicas deben incorporar diferencias de sexo y género en tratamientos

El problema que las guías clínicas han ignorado durante décadas #

Durante gran parte de la historia de la medicina moderna, los ensayos clínicos que sustentan las guías de tratamiento se realizaron predominantemente con participantes masculinos. El resultado es que las recomendaciones médicas que hoy utilizan los profesionales de salud en todo el mundo —incluyendo América Latina— fueron construidas, en muchos casos, sobre evidencia que no representa a la mitad de la población. Las diferencias biológicas de sexo y las diferencias sociales de género influyen en cómo se manifiestan las enfermedades, cómo responde el organismo a los fármacos y cómo los pacientes experimentan los efectos secundarios. Sin embargo, estas distinciones rara vez aparecen de forma explícita en los documentos que orientan la práctica clínica.

Este es el núcleo del argumento planteado en un artículo de opinión publicado en Nature Medicine por Alexandra Kautzky-Willer, investigadora de la División de Endocrinología y Metabolismo de la Universidad Médica de Viena (Austria). Según la autora, ha llegado el momento de que las guías clínicas aborden de manera sistemática y transparente las diferencias de sexo y género en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades.

Qué propone el artículo y en qué se basa #

El texto, publicado en Nature Medicine en 2026, no presenta datos de un ensayo clínico propio, sino que constituye una posición editorial respaldada por referencias a trabajos publicados en el European Heart Journal y en la revista Wiener Klinische Wochenschrift. La autora argumenta que las guías clínicas deberían cumplir tres funciones que actualmente no cumplen de manera adecuada: primero, declarar explícitamente qué se sabe ya sobre las diferencias de sexo y género en cada condición o tratamiento; segundo, señalar con claridad dónde existe una brecha de evidencia —es decir, dónde simplemente no hay datos suficientes desagregados por sexo o género—; y tercero, establecer como requisito que los ensayos clínicos futuros reporten sus resultados diferenciando entre estos grupos.

Según la autora, este enfoque no implica crear guías separadas para hombres y mujeres, sino integrar la perspectiva de sexo y género dentro de las recomendaciones existentes, de modo que los médicos puedan tomar decisiones más informadas y personalizadas.

Qué significan estas diferencias en la práctica médica #

Las diferencias de sexo son de naturaleza biológica: incluyen variaciones hormonales, genéticas, en la composición corporal y en el funcionamiento de órganos como el corazón, el hígado o los riñones, todos los cuales afectan la forma en que el cuerpo procesa los medicamentos. Las diferencias de género, en cambio, son de naturaleza social y cultural: influyen en cómo las personas describen sus síntomas, cuándo buscan atención médica y qué barreras enfrentan para acceder a tratamientos.

Ambas dimensiones pueden tener consecuencias clínicas concretas. Por ejemplo, ciertas enfermedades cardiovasculares se presentan con síntomas distintos en mujeres que en hombres, lo que puede llevar a diagnósticos tardíos o erróneos. Algunos fármacos tienen perfiles de eficacia o toxicidad diferentes según el sexo biológico. Ignorar estas diferencias en las guías no es una postura neutral: es una omisión con consecuencias reales para los pacientes. Ante cualquier duda sobre cómo estas diferencias pueden afectar un tratamiento específico, siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud.

Qué significa para América Latina #

En la región latinoamericana, las guías clínicas que se utilizan en hospitales públicos y privados suelen adaptarse —o adoptarse directamente— de documentos elaborados por organismos internacionales o sociedades científicas de Europa y América del Norte. Si esas guías de origen no incorporan perspectivas de sexo y género, la brecha se traslada automáticamente a los sistemas de salud locales.

Además, en muchos países de la región, las mujeres enfrentan barreras adicionales de acceso a la atención médica relacionadas con factores socioeconómicos, geográficos y culturales. Estas barreras son precisamente el tipo de diferencias de género que, según el argumento de Kautzky-Willer, deberían ser visibles en las guías para que los sistemas de salud puedan diseñar respuestas más equitativas. La reflexión aplica también a poblaciones de género diverso, cuya representación en los ensayos clínicos es aún más escasa.

Limitaciones del artículo y lo que falta por confirmar #

Es importante señalar que el texto publicado en Nature Medicine es un artículo de opinión o editorial, no un estudio empírico con datos primarios. Esto significa que sus argumentos, aunque respaldados por referencias a investigaciones previas, no constituyen por sí mismos evidencia experimental nueva. El material disponible de este artículo es una vista previa limitada, por lo que no es posible conocer el alcance completo de los argumentos ni todas las referencias citadas.

Lo que sí queda claro es que la autora identifica una necesidad estructural en la forma en que se producen y actualizan las guías clínicas a nivel global. La pregunta de cómo implementar estos cambios de manera práctica —quién los financia, qué organismos los coordinan, cómo se garantiza que los ensayos futuros cumplan con el requisito de desagregar datos— queda abierta y requiere respuestas de la comunidad científica y de los sistemas de salud.

Consulta siempre con un profesional de la salud #

La discusión sobre diferencias de sexo y género en medicina es un campo en evolución. Las recomendaciones actuales pueden variar según la condición clínica, el contexto geográfico y las características individuales de cada paciente. Este artículo tiene carácter informativo y no reemplaza la orientación de un médico o profesional sanitario calificado. Si tienes dudas sobre cómo tu sexo biológico o tu género pueden influir en un diagnóstico o tratamiento, consulta directamente con tu equipo de salud.

Fuente original: Kautzky-Willer, A. “Sex and gender differences belong in treatment guidelines.” Nature Medicine (2026). Ver artículo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las guías clínicas deberían incluir diferencias de sexo y género?

Según el artículo publicado en Nature Medicine, las diferencias biológicas de sexo y las diferencias sociales de género influyen en cómo se manifiestan las enfermedades y cómo responde el organismo a los tratamientos, por lo que ignorarlas en las guías puede llevar a decisiones clínicas menos precisas.

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género en el contexto médico?

En medicina, el sexo se refiere a características biológicas como hormonas, genética y composición corporal, mientras que el género alude a factores sociales y culturales que influyen en cómo las personas experimentan la enfermedad y acceden a la atención médica.

¿Qué propone la investigadora de la Universidad Médica de Viena?

Según el artículo, Alexandra Kautzky-Willer propone que las guías clínicas declaren qué se sabe sobre diferencias de sexo y género, identifiquen dónde falta evidencia y exijan que los ensayos futuros reporten resultados desagregados por estas variables.

¿Esto significa que habrá guías clínicas separadas para hombres y mujeres?

No necesariamente. Según el argumento del artículo, la propuesta es integrar la perspectiva de sexo y género dentro de las guías existentes, no crear documentos completamente separados.

¿Cómo afecta esto a los pacientes en América Latina?

Los sistemas de salud latinoamericanos suelen adoptar guías elaboradas en Europa o América del Norte; si esas guías no incorporan diferencias de sexo y género, esa brecha se traslada directamente a la práctica clínica regional, con posibles consecuencias para la equidad en el diagnóstico y tratamiento.

Fuente original: Nature Medicine

Artículo divulgativo reescrito en español por PulsoSano. Consulta el original para detalles técnicos y referencias bibliográficas completas.

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